Francisco Miraval



El futuro inminente, del que ya somos parte (nos guste o no), parece recibirnos con tres grandes peligros: la ignorancia provocada por la falta de adaptación de la educación a la nueva realidad, la cerrazón de la mente y del corazón a ideas o personas “desconocidas”, y la aceptación acrítica de alucinaciones masivas basadas en la realidad virtual.


Vayamos por partes.


Ante todo, queda claro que las instituciones tradicionalmente enfocadas en la educación (escuelas, universidades e incluso iglesias) tienen serios problemas para adaptarse a la nueva realidad en la que el acceso a la información es instantáneo e ilimitado, por lo que los estudiantes con frecuencia “saben” o creen que saben más que sus maestros.


Y aunque esa situación afecta a todos los niveles educativos, quienes resultan más afectados son los adultos, dado que resulta difícil hallar una propuesta educativa que se enfoque en reinventar la vida propia y encontrarle sentido y propósito a esa vida, y no solamente en adquirir información o en encontrar un buen trabajo.


Si a eso le sumamos el hecho que la tradicional brecha generacional ahora es un verdadero abismo, muchos padres no solamente se sienten separados de sus hijos, sino que ya no saben qué hacer con su vida, porque ni siquiera pueden entender a sus propios hijos. Y las clases que se ofrecen en colegios, universidades y hasta en centros comunitarios poco hace para ayudarlos.


En definitiva, muchos adultos se ven cada día menos educados para enfrentar el nuevo futuro, por no entenderlo y por no saber cómo prepararse para ese futuro. ¿Cuál es, entonces, su reacción? En muchos casos, prefieren refugiarse en el pasado, en un pasado que ya no existe, pero que recrean en sus mentes para encontrar un lugar de refugio y solaz. Y, como resultado, entonces cierran sus mentes y sus corazones al presente, al futuro y a los otros.


Lamentablemente, esa actitud de cerrazón mental y emocional es contagiosa y cada vez son más los jóvenes que viven encerrados dentro de ellos mismos, no solamente para escapar del mundo, sino para rechazar el mundo a su alrededor. No caben dudas que vivimos en una sociedad hostil y disfuncional, pero cerrar nuestras mentes, corazones y voluntad poco hace para cambiar esa situación.


Y al escapismo de la ignorancia y al escapismo de la cerrazón (en ambos casos, reconociendo que existen razones válidas para tratar de escapar de la realidad) le sumamos otro escapismo, el de la realidad virtual, el triple peligro del futuro inminente queda consumado. Un futuro alucinante, literalmente.


Los avances en realidad virtual ocurren tan rápidamente que, según parece, sólo la inteligencia artificial puede seguir ese acelerado ritmo de progreso. Sea como fuere, cada vez está más cerca el día en el que las interacciones con familiares, amigos, compañeros de trabajo y extraños serán interacciones virtuales, como compartiendo una gran alucinación grupal.


En definitiva, todo apunta a un futuro (¿presente?) en el que estaremos poco educados, tendremos mentes cerradas, y preferiremos la realidad virtual a la real.

::14.AGOSTO.2017 :: Comentario #740

Los tres peligros del futuro inminente: ignorancia, cerrazón y alucinaciones

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